Somos cuerpo

Llevo muchos años prestando atención a mi parte física (eso que solemos llamar “el cuerpo”) para enterarme de cómo funciono. Ha sido y está siendo una pieza muy importante en mi proceso de descubrirme. Y, aplicándolo en mis sesiones de terapia gestalt y de shiatsu, está siendo un camino de gran interés para mis clientes.

Eso que llamamos “cuerpo” es un trozo de nostros del cual (estoy viendo) nos percatamos bastante poco. Viene a ser que la parte corporal de nosotros mismos lleva la dificultad de desprendernos de ella (al menos conscientemente, que yo sepa). Me puedo poner una camiseta y quitármela, y así saber si me sienta bien o no, ¡ya no te digo si me puedo provar otras tallas! la comparación para saber cual me sienta bien resulta aún más evidente. Con el cuerpo no podemos hacer esto. Lo llevamos “puesto”, y la mayoría no tenemos conciencia de haber llevado otro. Percibo en mí y veo en mis clientes que nos cuesta tener una sensación real de lo que es ser corporalmente, como cuando estamos a oscuras en el cine, viendo una película, y a lo único a lo que ponemos atención es a las imágenes y los sonidos. Se nos olvida que hay la pantalla. “Nuestro” cuerpo es a nuestra vivencia como la pantalla es a la película. Algo que no es película y que da la posibilidad de que la película sea. No puedo ni quiero afirmar que sólo se vive con cuerpo, desconozco las posibilidades de las experiencias extracorpóreas y no sé qué hay más allá de la vida. No es para mí el tema que quiero tratar. Sí quiero exponer (y ahí me quiero enfocar) lo mucho aporta estar atento a lo corporal en mi proceso vital y en mi profesión acompañando a personas.

Nos olvidamos de ese trozo de nosotr@s, e incluso nos ponemos en su contra cuando “nos duele”, “nos molesta”. Es como si “él” nos hiciera algo, en lugar de como si estuviéramos (nosotr@s) viviendo algo. Sobre todo cuando vivimos una sensación desagradable o desconocida. Y si encima hay dolor, y permanece, vamos raudos al/la doctor/a a que nos lo quite. Y así va la medicina, que ha ganado muchísimo en recursos para eludir los síntomas. Y no se entienda que digo que no hay que ir al médico, no voy por ahí. Porque también vamos al bar, y algunas de las copas que nos tomamos igual son para quitarnos esas sensaciones que no nos gustan, después de un cabreo con la jefa, o de haber visto un accidente, o de haber aguantado 20 minutos viendo las noticias. O quizás nos da por comer chocolate, o algo con mucho azúcar, o fumar, o tomarnos alguna otra substancia, y el objetivo no es el disfrute de ello, si no salir de una sensación que no nos gusta. Y seguimos peleándonos con nosotr@s mism@s. O sea, estamos disociad@s. Creyendo que somos dos (por lo menos) y en eterno conflicto.

Nos guste o no vivimos corporalmente. Pensamos corporalmente. Sentimos corporalmente. Y nos defendemos de lo desagradable corporalmente.

Si te quieres haz el siguiente experimento:

1) Respira hondo una vez. Pon atención a tu expresión facial, a tu cuello, a tu abdomen, a tus hombros y al movimiento de tu respiración.

2) Piensa en un avión. Pon atención a tu expresión facial, cuello, abdomen, hombros, movimiento de tu respiración. ¿Ha cambiado algo?

3) Piensa en tu madre. Pon atención a los mismos elementos. ¿Ha cambiado algo?

4) Piensa en tu trabajo (o ausencia de él).

¿Notas lo mismo? ¿En algún momento has notado tensión en el abdomen? ¿Ha cambiado tu expresión? ¿Respiras igual que al principio? O igual te ha cogido pereza de poner atención. O igual tu atención se ha ido a pensamientos diversos.

Nos resistimos a la experiencia. Y lo hacemos, entre otros, corporalmente. Bien sea tensando, bien sea respirando pequeño, o aletargando nuestra sensación, o cambiándola por completo haciendo algo (lo que sea) . Y al final resulta que el cuerpo nos duele. No sabemos más, sólo que duele.

Por eso animo a tod@s a atender lo corporal, a hacer el esfuerzo de acojer ese trozo de nosotr@s e integrarlo. Que tenga algo que decir en nuestra toma de decisiones. Que deje de ser “él” para ser “yo”.

No es mejor mirar lo corporal de un@ mism@ que lo emocional, o lo mental. Es una dimensión que estoy viendo que a muchos nos falta, o que no tenemos en cuenta suficientemente o de la manera adecuada. Atender lo corporal es como añadir la tercera dimensión a un dibujo de dos dimensiones. No es que la profundidad sea más importante que la altura o el ancho. Lo importante es el volumen que aporta la tercera dimensión. Ese volumen en la imagen lo equipararo a la integridad (ser íntegro) en lo personal. Y corporificarnos nos da integridad. Si estamos presentes (también) corporalmente, ganamos un trozo de nosotr@s mism@s, ganamos una cualidad, una manera diferente de estar y de relacionarnos. Estamos así más presentes, más en contacto con nuestro entorno. Más capaces. Más viv@s.

Somos cuerpo. ¡Seamos cuerpo!

Esteban Miñarro Belzuz

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